Esto no es solamente una cuestión de títulos. Decir no soy el Cristo significa decir: no busco gloria. Qué saludable resulta para muchos poder hacer esta declaración.
Los tiempos de prueba son duros de sobrellevar pero eventualmente llegan a su fin. El privilegio de aquellos que aman al Señor es que él mismo se encarga de renovar nuestras vidas.
Jesús podría tener en un segundo todos los reinos de la tierra. Sin embargo, Jesús igualmente los tendría, solo que tendría que esperar un poco. Muchos por la impaciencia han perdido las promesas que tenían para sus vidas.
El tema de la obediencia es central en el camino del cristiano. Este sendero se repite una y otra vez. Y este es el proyecto de Dios, cumplir sus propósitos con hombres y mujeres obedientes a su llamado.
¿Tiene el diablo autoridad para repartir los reinos de este mundo? Las propuestas del diablo son seductoras, sin embargo, cada una conlleva en sí una trampa de entrega absoluta a sus propósitos.
Debemos cuidarnos de hacer proyectos y luego buscar la aprobación de Dios, cuando el orden correcto es buscar la aprobación de Dios antes de iniciar cualquier proyecto.
Cuidado con la tentación de ver a Dios como siervo y yo como rey. Esta inversión de roles está de moda en nuestro mal formado cristianismo. No podemos olvidar que Dios sigue siendo la razón de ser de esta vida, no el ser humano.
La vida pública se debe construir sobre una base correcta. Por ello Jesús cimentó sus bases sólidas para poder establecer un ministerio público efectivo.
Ministerios Generación es un ministerio interdenominacional e internacional que trabaja en pr...
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